Testimonio

Música condenada a vivir: el rescate patrimonial del organillo chileno que lidera René Silva

Agosto 19, 2022


Música condenada a vivir: el rescate patrimonial del organillo chileno que lidera René Silva

Ya está en distintas plataformas de streaming el primer movimiento del “Concierto Errante para organillo y orquesta”, composición hecha durante el 2021 como parte de su investigación sobre este instrumento en el Postgrado en Artes, y que fue interpretada por el clan Lizana y jóvenes de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles en el Día del Patrimonio.

En 1972 José Donoso declaró la inminente muerte del organillo chileno, en un artículo periodístico publicado en la Revista Ercilla. Por suerte, el reconocido escritor se equivocó y alguien pudo heredar esa tradición de la música popular chilena que recorre las calles del país desde que los instrumentos llegaron de Alemania, a mediados del siglo XIX, hasta nuestros días.

Manuel Lizana (1949-2021) fue ese heredero. El joven aprovechando que vivía en la misma casona de Gran Avenida que Enrique Venegas (1909-1981) lo observaba en silencio mientras este, que en esa época era uno de los últimos técnicos expertos en el instrumento de rodillo y manivela, arreglaba los organillos de la dueña de casa a cambio de techo y comida. “Cuando me muera este instrumento se va a venir conmigo”, decía un celoso Venegas, según las entrevistas a familiares y músicos que realizó René Silva durante el primer momento de su investigación doctoral, vía Práctica Artística como Investigación, cuando hizo una revisión histórica del organillo.

Angelina Dotes ©.

—Desde los 15 años Don Manuel empieza a desarmar los organillos, a mirarlos y a estudiarlos de manera empírica. Él es quien logra revertir el pronóstico que había hecho José Donoso y que es lo que vimos en el concierto, que comprobó que el patrimonio sigue vivo gracias a sus cultores —comenta Silva, que trabajó con el clan familiar Lizana con el objetivo final de llevar este sonido más allá de las calles para que se colara en otros espacios, como es el caso del estreno en el Centro Cultural Palacio de La Moneda ante cientos de personas o la disponibilidad de la obra para escucharla en streaming (Spotify, YouTube Music, Apple Music).

La investigación de la historia del organillo incluyó la revisión de archivos y la realización de entrevistas en Chile, una pasantía doctoral en el Orpheus Institute de Bélgica y una visita a la fábrica de organillos Jäger & Brommer, en la ciudad de Waldkirch, Alemania. Además, René se reunió en la ciudad de Essen con Juan Allende-Blin, Premio Nacional de Artes Musicales, que en 1969 compuso una obra donde incorporó un organillo, siendo la primera vez que este instrumento se incluyó en el contexto de la música contemporánea.

Angelina Dotes ©.

En ese período el compositor también se puso a disposición de Manuel Lizana, quien le planteó sus deseos: “Me gustaría poner algunos temas que sonaban en organillos antiguos, recuperarlos”. Entonces hubo un proceso de búsqueda de esos registros, ya que las modificaciones a los cilindros que contienen la música que suena en un organillo es una práctica que se viene ejecutando desde que llegaron, en que cambiaban las canciones europeas por cuecas y foxtrot. Por ejemplo en el documental de Días de organillo (1958), de Sergio Bravo, que fue fuente de investigación, sonaban temas casi olvidados como Españolita, Lágrimas, Portero, Eleonora, 25 Limones y Sueños chinos.

En el taller de la familia Lizana, con el padre y el hijo de Manuel también organilleros, junto al proceso de poner los temas antiguos que le habían solicitado, René Silva comenzó a meter las manos en los instrumentos y a experimentar con los sonidos y efectos que provocaba a través del gesto físico. “Muy similar a lo que ocurre con la tornamesa, que es un referente importante en la investigación, que transgrede su dimensión como aparato reproductor de sonidos y se convierte en un aparato productor de sonidos mediante la manipulación”, detalla sobre esta parte de su tesis doctoral que culminó con la creación de Tres estudios para organillo y ensamble. Esa sesión, que se realizó en el Auditorio de Música con organillo y un pequeño ensamble conformado por clarinete, violín, violoncello y piano, fue clave para que se decidiera a crear una obra que uniera a este instrumento con una orquesta sinfónica.

Angelina Dotes ©.

Punk, el origen

“No tenía las posibilidades económicas para pagar clases, por eso mi primer profesor fue el cancionero, que te lo prestaban o te lo comprabas en la feria y uno aprendía los acordes”, dice René Silva.

Para explicar su gusto por mezclar la música popular y la música docta, René Silva cita su origen. “Mis comienzos fueron totalmente autodidactas”, indica. Porque si bien estudió Pedagogía en Música (UNAB), Composición musical (U. de Chile) y un magíster en Composición en la misma universidad, él no venía de una familia de músicos y sus primeros acercamientos a los instrumentos fueron a través de artistas callejeros, como organilleros y chinchineros, y para aprender, los cancioneros populares.

Angelina Dotes ©.

—No tenía las posibilidades económicas para pagar clases, por eso mi primer profesor fue el cancionero, que te lo prestaban o te lo comprabas en la feria y uno aprendía los acordes. Que muchas veces estaban malos, así que había que poner harto oído también —recuerda sobre sus inicios con la guitarra, que derivó en la conformación de una serie de bandas punk durante la década de los 90′.

En una de esas agrupaciones, René componía casi todas las canciones y tuvo la suerte de poder recorrer Santiago en tocatas autoconvocadas en La Florida, Macul, Puente Alto, Pudahuel y Maipú. “Hay gente que encuentra medio loco que a partir de esas bandas de punk rock haya llegado a la música contemporánea, pero creo que hay una cuestión de esta sonoridad ruidosa y también de la práctica misma del hacer que son muy similares”, agrega el compositor, que ya en 2010 estaba integrando la música docta con los sonidos populares del norte de Chile: Tirana, concierto para tuba y orquesta, que estrenó con la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en la temporada oficial.

Obras para orquestas juveniles

“Es interesante hacer ese enganche a la gente, de mostrarles que la música de orquesta sigue existiendo y que los compositores estamos vivos y no usamos pelucas como los de antes”, opina René Silva.

Sobre ese gusto por el quehacer al que alude, junto con su trabajo de profesor de música en varios colegios, René dirigió la Orquesta Sinfónica Municipal de Paine durante 11 años. “Ahí realicé todas las labores que tienen los directores de las orquestas juveniles, que no solamente es dirigir, porque también hay que conseguir el bus, preocuparse de tener colaciones y, por supuesto, de hacer arreglos musicales. Pero en esa época nunca creé una obra para ser interpretada por jóvenes y he estado saldando esa deuda”, confiesa.

En ese sentido, antes de la obra para organillo hubo otra creación. El 2018 Rodolfo Fischer le encargó una ópera para niños y niñas de la Orquesta Sinfónica de Panguipulli, que él dirigió. La idea era que les entregara una pieza con sonoridades locales con algún tema relacionado al territorio y Silva investigó y trabajó a partir de una leyenda mapuche que le recomendó Elicura Chihuailaf, Premio Nacional de Literatura. La Malén, con libreto de Felipe Castro, es una ópera que narra la historia de una joven mapuche que ha sido hechizada por su malvada madrastra y hermanastras que están envidiosas y quieren impedir su matrimonio. Ella, con su rostro convertido en calavera, debe emprender un viaje para recuperar su figura en que se encuentra con machis y ayuda a animales en problemas.

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—No quería algo muy tradicional, así que puse que las flautas tenían que hacer unos sonidos de pájaros como ruiditos desafinados y cosas de ese estilo. Entonces cuando envié las partituras los profesores vieron los símbolos y se comenzaron a preocupar sobre cómo los niños iban a interpretar eso. Pero después, cuando los cabros comenzaron a leer las partituras y a decir: ‘Ah que buena, es como un sonido de pájaro’. Se dieron cuenta que incluso los conceptos de la música contemporánea como más dura, también se pueden enseñar de una manera didáctica —explica sobre esta obra que fue interpretada en la Escuela Manuel Anabalón Sáez, Panguipulli, y en el Teatro Municipal de Las Condes, en Santiago.

—El día del concierto dijeron “tenemos un compositor vivo” cuándo te presentaron. ¿Qué te pasa con eso?

Es interesante porque en el contexto de conciertos de música docta o clásica usualmente se interpretan obras antiguas, de compositores que no es que murieron hace algunos años, sino que murieron hace cientos de años. Como el concierto fue para el Día del Patrimonio había un público muy variopinto y creo que es interesante hacer ese enganche a la gente, de mostrarles que la música de orquesta sigue existiendo y que los compositores estamos vivos y no usamos pelucas como los de antes.

Entramado