Testimonio

Danza y manifestación: las performances musicales andinas y su relación con los movimientos sociales

Enero 25, 2022


Danza y manifestación: las performances musicales andinas y su relación con los movimientos sociales

Para la docente de la Facultad de Historia (UDP), candidata a doctora en Literatura (UC), magister en Estudios Latinoamericanos (UCh) y licenciada en Educación en Castellano (Universidad de Santiago), Ignacia Cortés, la literatura no se basa solo en lo que se escribe y se lee, sino que se puede notar en la música, los movimientos sociales, el contexto y la oralidad: en los relatos de historias personales contadas de boca en boca. Desde ahí nace su interés por el estudio de las performances musicales andinas y su relación con los espacios de manifestación, en su investigación llamada “Movimiento andino: Performances políticas y musicales andinas en las manifestaciones sociales en Santiago de Chile (1990-2021)”.

Fotografía de Valentina Mora - Asociación Cultural Pasiones Peruanas en el Carnaval de la Challa 2022 (Ignacia Cortés al centro)

Oralidad y movimiento como línea de investigación

A diferencia de otros titulados en literatura, para Ignacia Cortés el vínculo con esta área no se notaba desde su primera infancia. “No tenía una casa de intelectuales, todo lo contrario, era una casa de gente trabajadora, de clase baja, no había dinero ni tiempo para la lectura”, comenta. 

Su relación con la literatura entonces no nació desde la lectura, sino que desde la escucha. “Me empiezo a relacionar con la oralidad, que es lo primero que tenemos los seres humanos, y antes de eso, el movimiento”, afirma. Más adelante llegó la escritura en forma de diarios de vida: “Actividades tan cotidianas como salir a comprar el pan que se transformaban en el relato al describir las sensaciones, con quienes iba, a quienes veía en la calle. Eran actividades mínimas que tenían un potencial a través de la escritura”. 

El tercer acercamiento al interés por la literatura fue a través de las canciones. Ya llegando a su adolescencia comienza a internarse en el mundo del punk y el hardcore latinoamericano, música que visibiliza distintas problemáticas del ámbito social. Por primera vez comienza a conocer el mundo de la calle, de las organizaciones políticas y de los movimientos sociales a través de la música y el baile. Ahí comienza a ejecutar la danza boliviana tinku, yendo a estudiar su licenciatura en castellano con sus libros por un lado y su traje por el otro, lista para actuar si se organizaba alguna manifestación.          

Desde esta forma de ver la literatura, a través de la oralidad y el movimiento, es como Ignacia aplica hoy su investigación: Movimiento andino: Performances políticas y musicales andinas en las manifestaciones sociales en Santiago de Chile (1990-2021). “A veces entrevisto a personas que dicen que no son letrados y se empiezan a poner barreras para la interacción y yo les digo que lo que más me interesa es lo cotidiano, lo que a ellos les parece más trivial, reconociendo el valor de esa belleza, esa historia que merece ser relatada, contada y escuchada”, señala.

Fotografía de Valentina Mora - Carnaval de la Challa 2022

El relato propio y la manifestación

A lo largo de su recorrido académico, Ignacia se fue especializando en los movimientos andinos. Al principio quería centrarse en la relación entre relatos orales con textiles andinos, pero durante el 2018 empieza a trabajar en un artículo sobre las danzas andinas en Santiago y se da cuenta que siendo un tema que le apasionaba, no lo había relatado desde su perspectiva interna. “Y digo: ‘Esto merece ser narrado, contado, y tengo muchos contactos y compañeros de danza a quienes puedo contactar’. Y empiezo a contactarlos y me doy cuenta de que es algo que ellos también quieren relatar. Uno escucha a las personas y se da cuenta de que estos relatos son valiosos y la gente quiere contarlos, en mi caso los informantes eran mis compañeros y compañeras de danza. Hay otros con quienes he estado haciendo vínculos ahora, y en estas conversaciones muy ricas empezamos a conocer cosas en común”, relata. 

A partir de esta base se propone hacer una investigación interdisciplinaria que vincule los estudios andinos, de performances y estudios latinoamericanos. Contacta con el profesor de teatro Cristián Opazo Retamal, su actual tutor, y más adelante con José Luis Martínez Cereceda, quien se termina convirtiendo en su co-tutor. Empieza a investigar cómo los movimientos andinos y las performances aparecen en las manifestaciones, enfocándose en las poblaciones más que en lugares céntricos, ya que quienes llegaban a las marchas en la comuna de Santiago, generalmente venían de esos lugares. “Me doy cuenta de que no era abordado en profundidad el relato de la gente que está poniendo el cuerpo en estas manifestaciones”, comenta. Mientras ella trata de unir las piezas, comenzando su investigación, llega el estallido social.

Fotografía de Valentina Mora - Carnaval de la Challa 2022

Un estallido alimentado por los pobladores

“Lo que yo estoy narrando fue una antesala de lo que vivimos el 2019” -comenta Ignacia respecto a su investigación previa en poblaciones- “cuando empiezo a ver lo que está aconteciendo, más sentido le da a mi trabajo”. Con el estallido social, Ignacia ve cómo las manifestaciones se alimentan por quienes vienen desde las poblaciones, incluso personas que nunca habían participado en marchas. Sin embargo, las performances que son protagonistas de su estudio no se ven mucho en las marchas de la llamada Plaza Dignidad. 

“Lo interesante de los colectivos andinos es que no han participado tanto del epicentro de las manifestaciones. Me comentaban que es muy difícil bailar en una concentración que no se mueve, a diferencia de las marchas que van avanzando (…). Entonces han decidido replegarse a sus territorios, a sus poblaciones, porque ahí es donde es más importante mantener activa esa sensación de colectivo”, explica. 

Afirma también que junto al estallido se intensifica la idea de lo comunitario, y dentro de los movimientos andinos surgen gestos de resistencia que no aparecen dentro de los grandes relatos de las ciencias sociales, como lo fueron la creación de ollas comunes frente al hambre de la pandemia. 

Ignacia Cortés

Superando múltiples barreras

Al igual que muchos otros estudiantes, el proceso investigativo de Ignacia chocó con una gran pared con la llegada de la pandemia. No solo se vio expuesta a la nueva dificultad de no poder hacer entrevistas en persona y tener que dejar ir la oportunidad de asistir a una pasantía de investigación en Buenos Aires, sino que, cómo madre, se enfrentó a un nuevo tipo de carga. “Hay una brecha de género muy grande para las madres, más que para los padres. Nos hemos visto muy afectadas por la pandemia en el proceso de investigaciones. Un ejemplo de esto son las escasas publicaciones de mujeres que ha impactado a nivel global, y eso tiene que ver con una sobrecarga laboral, académica y doméstica”, afirma. 

Además, Ignacia se ha atrasado en su investigación ya que ha priorizado mantener un equilibrio entre la literatura y la docencia. “Yo soy profesora, y es una de las labores que más me interesan porque es una forma de aportar al conocimiento y mostrar lo que uno ha investigado. Sin la docencia, para mí no tendría sentido cursar un doctorado”, expresa. 

A pesar de las dificultades, durante la pandemia Ignacia se integró al conjunto de danzas andinas “Asociación Cultural Pasiones Peruanas”, filial Santiago. A través de ensayos vía Zoom, Ignacia logró su objetivo de “activar ese movimiento andino para encarnar y enriquecer el relato”. Incluso, el pasado sábado 15 de enero participó en el Carnaval de la Challa del Barrio Yungay, conformado por migrantes peruanos, lo que además le dio un nuevo punto de vista para investigar en el futuro sobre la dimensión de la migración en su rama de investigación. 

A raíz del inicio de su propio trabajo, Ignacia deja como consejo para quienes emprenderán una investigación en el ámbito de la literatura: “Tienen algo muy rico que es su propia historia, indagar en sus propias costumbres les permite hacer proyectos que son éticos con las comunidades con las que trabajan y su propia forma de ver el mundo. Hay que cambiar las formas en las que se investiga en las humanidades, y cambiar el privilegio del texto escrito impreso. Los estudiantes de literatura siempre deben estar mirando lo social, no perder esta dimensión, el texto escrito es importante de analizar, pero este tiene un contexto de producción, impacta en lo social, y ver esas relaciones es necesario, sobre todo hoy en Chile”. 

Entramado