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“Con el tiempo me he dado cuenta de que necesito el mar, soy una persona de aguas. En Chile tuve la oportunidad de ir a terreno, hacía experimentos en las rocas, pero también en el laboratorio”

Enero 12, 2022


“Con el tiempo me he dado cuenta de que necesito el mar, soy una persona de aguas. En Chile tuve la oportunidad de ir a terreno, hacía experimentos en las rocas, pero también en el laboratorio"

“Mi familia estaba esperando que fuera médica o ingeniera, pero yo quería estudiar biología, me gustaba la naturaleza, quería entender los colores de los animales, por qué una célula sobrevivía, etcétera”. Así comenta la bióloga colombiana Clara María Arboleda, quien el año 2021 terminó su tesis de doctorado sobre las redes de interacción entre microorganismos en el intermareal en la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC).

 

Su amor por la ecología no siempre fue tan claro como lo es ahora. Comenzó sus años de educación superior estudiando ingeniería, luego tomó algunos cursos de la facultad de biología en la Universidad de Antioquia, donde se quedó definitivamente. “Veía a mis compañeros que se enamoraban de las aves, los insectos, y yo estaba un poco perdida, hasta que tomé un curso donde vi muestras de fitoplancton y me enamoré del plancton” – comenta – “descubrí que me gustaban las células más autónomas: me encanta entender cómo sobreviven, cómo coexisten, los patrones…”. A partir de esa experiencia hizo un curso de biología microbiana con Juan Pablo Niño García que le “encantó”, para luego trabajar durante siete años en el laboratorio de Microbiología Aplicada del grupo GAIA, en la misma universidad donde estudiaba. Estaba aprendiendo mucho, pero le faltaba algo que le apasionara.

Las Cruces

La caleta de pescadores, las playas, la iglesia parroquial, y el mirador Punta de Lacho son algunos de los principales atractivos turísticos de la localidad de Las Cruces, ubicada en la Región de Valparaíso, Chile. Pero lo que le hizo a Clara enamorarse definitivamente fue ver la biología y las opciones de investigación con los pies en la arena. “Era como un laboratorio natural: era ver cómo la red ecológica cambiaba, era increíble y me obsesioné. Ahí dije ‘quiero trabajar acá en la estación’”.

Inicialmente Clara llegó a la Estación Costera de Investigaciones Marinas ubicada en Las Cruces el 2015 para la escuela de verano de la PUC. Con su objetivo claro, al año siguiente aplicó a la beca de Doctorado Nacional de CONICYT, y tras ganársela viajó a Chile el 2016 y comenzó su doctorado en ecología junto a los docentes Rodrigo Iglesias y Sergio Navarrete, su “papá académico”, como ella lo llama. Moviéndose entre las rocas y los laboratorios, se mantuvo estudiando en la misma localidad, aunque viajando constantemente a la capital, para adentrarse a las ferreterías del centro de Santiago y obtener diversas herramientas y así seguir trabajando. “Con el tiempo me he dado cuenta de que necesito el mar, soy una persona de aguas. En Chile tuve la oportunidad de ir a terreno, hacía experimentos en las rocas, pero también en el laboratorio, es un trabajo menos monótono que el que hacía en Medellín”.

Cruzando una frontera del conocimiento

El tema central de su tesis era uno poco explorado, al buscar responder la pregunta: ¿Cómo interactúan los microorganismos con otras especies? Su trabajo terminó plasmándose en papel a través de cuatro capítulos que mostraban las etapas de su investigación: analizar cómo las distintas zonas del mar afectan a los microorganismos, identificar cómo los greisers (Herbívoros que consumen los microorganismos) afectan a las biopelículas (Microorganismos sobre las rocas), analizar su interacción y observar qué ocurre con el resto de la comunidad tras esta interacción.

“A nadie le importaban las biopelículas. Las biopelículas son las que te hacen caer cuando estás en las rocas” – dice riendo – “los profesores vieron lo valiosa que era esta nueva línea, era una frontera del conocimiento. Esta tesis empieza a romper las barreras y se empieza a conectar con el resto de las ciencias”. Es por la misma novedad de la investigación que Clara se encontró con múltiples barreras metodológicas. Tenía preguntas que no sabía como resolver, protocolos y experimentos que iba creando desde cero en el camino. “A veces parecía una loca porque yo les decía lo que quería y me respondían ‘eso no se puede hacer’, y yo les decía que sí se puede. Por eso a Sergio yo lo quiero mucho, porque yo soy muy porfiada y él me dejaba explorar y yo solita me daba cuenta si eso funcionaba o no”.

Sin embargo, las dudas metodológicas no fueron la única barrera con la que se topó Clara, sino que su posición como estudiante extranjera le puso otras en el camino. “Había muchos prejuicios, yo no entendía los comentarios, y eran fuertes. Al principio fue duro y me aislé”, comenta. Sin embargo, sentirse marginada no la derrotó, sino que lo contrario, le ayudó a ser más empática con los migrantes en Colombia y la hizo agarrar fuerza para enfrentar nuevos desafíos, como su próximo post doctorado que realizará en Brasil. A partir de su experiencia también desarrolló un desafío para el futuro: “Me gustaría trabajar con niños migrantes, porque ya dejar tu casa es muy duro, y no sentirse bienvenido es peor”.

Además, el 2021 la pandemia la obligó a detenerse y presentar su tesis con la información que tenía hasta el momento. “Cuando llegó la pandemia fue duro, porque tenía mil experimentos que no podía hacer y mi comisión me dijo ‘ya, con esto te gradúas’”. Incluso la última parte de su tesis quedó con un experimento piloto que tenía pensado realizar en el futuro, cosa que no pudo hacer.

Inserción con la comunidad

A pesar de su aislamiento del principio, Clara terminó desarrollando una gran relación con la comunidad, tanto a nivel social como científico.

Su tesis además de contribuir a la ciencia básica le entrega un aporte a la comunidad costera al dejar la base para investigar procesos de evitación de la corrosión de metales en el mar que sean más ecológicos y amigables con el medio ambiente.

Durante el 2019 en Chile estallaron una serie de manifestaciones contra la desigualdad, proceso que afectó tanto positiva como negativamente a todo el país. En ese momento Clara, que se encontraba haciendo una pasantía en Barcelona, se metió a la comisión de “Estudiantes Internacionales” que desde la Escuela de Graduados abrieron para poder ayudar en ese contexto. “Fue maravilloso, conocí gente súper linda. Enfrentábamos la problemática de ser estudiante extranjero en Chile y ahí lo sané, porque viví lo que vivieron otros. En esa comisión estuve hasta terminar mi doctorado, y esa experiencia no la habría podido tener nunca en Colombia. Allá no hay un movimiento estudiantil como lo tienen en Chile, es admirable”.

Desde su experiencia, Clara entrega una serie de consejos para próximos estudiantes internacionales de doctorado: “La experiencia va a ser maravillosa. Conéctense con la comunidad de estudiantes internacionales, porque ahí van a sentir un apoyo. Dense la oportunidad de conocer varios laboratorios y varios profesores. Viajen.”

En este momento Clara está esperando que le tramiten la visa para poder volver a Chile a seguir estudiando el intermareal, ya que le queda una pregunta de investigación que todavía tiene que resolver. “Además, me debo un viaje a Rapa Nui”.

Clara envía especiales agradecimientos a su tutor Sergio Andrés Navarrete y a su cotutor Rodrigo De la Iglesia. Belén Pareja, Isadora Pla, Javiera Poblete y todos los estudiantes que me ayudaron durante las becas de verano e invierno de la UC. La Pontificia Universidad Católica de Chile, la Estación Costera de Investigaciones Marinas y CONICYT.

Entramado